Empleados de hostelería y restauración reconocen su temor por el comportamiento de la población: «La gente se tiene que portar bien, porque si no, volvemos a lo mismo de antes”, advierte un camarero. Los centros deportivos, por su parte, respiran aliviados al recibir a sus primeros clientes de nuevo.

A primera hora de la mañana de ayer, muchos establecimientos de hostelería y restauración abrían sus persianas en Tenerife respirando un aire diferente. Sí, la pandemia sigue existiendo; está presente en nuestras vidas, y también las restricciones. Pero, tras un duro invierno en el que no se podía hacer uso de los salones interiores de sus negocios, ayer al fin se autorizaron las estancias cubiertas a la mitad de su capacidad habitual, toda vez que la Isla ha pasado del nivel 3 al 2 de riesgo epidemiológico. Y ese cambio normativo, que ha traído consigo más libertades para la población en general, suponía una buena noticia para uno de los sectores más castigados por el embate económico de la COVID-19; secuelas que también han dejado honda huella en actividades como el turismo y los centros deportivos.

En las inmediaciones de la Iglesia de La Concepción, en La Laguna, se encuentra la cafetería Caballo Blanco. En sus mesas exteriores, pequeños grupos de personas buscaban ayer tomarse un café para combatir el frío y afrontar el inicio de la semana. Algunos, aún despistados por la relajación de las restricciones, no se habían percatado de que ya podían acceder al interior de los bares. Hubo quienes lo hicieron al ser informados por el personal, y otros, cautelosos, decidieron darse un poco de tiempo para perder el miedo. Son conscientes de que esto no ha acabado, al igual que la plantilla de la cafetería, tal como cuenta a DIARIO DE AVISOS Juan José Rodríguez, cocinero, recordando que la única solución a tanta inestabilidad es la vacuna. Mientras tanto, “no podemos olvidarnos de la enfermedad”, cuenta.

Eso sí, explica que la posibilidad de emplear el salón interior “para nosotros y para la empresa es un alivio”, puesto que con el confinamiento no tuvieron otra opción que recurrir a un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE), y al llegar la segunda ola, optaron por cerrar 15 días. Fueron sus “vacaciones”, considerando que “con cuatro mesas el negocio no aguantaba”. Cerca del mediodía, el principal responsable de las tapas y platos que se sirven en este enclave de Aguere tenía unas expectativas moderadas, si bien reconoce que “será mejor, eso seguro”, aunque sospecha que se dará mejor por la noche, al ser la franja horaria en la que “a veces hay que tener valor para sentarse afuera” por las bajas temperaturas.

Al lado, en la misma zona, se halla el mítico Bar Benidorm, fundado en 1957, y que, a pesar de las duras medidas sanitarias, ha podido sobrevivir a la crisis. Uno de sus camareros más veteranos -lleva una década detrás de la barra-, José Antonio, más conocido como Toño, también ve con buenos ojos que se haya pasado al nivel 2 de alerta. Lo considera “una gran ayuda, y eso que solo es al 50%”. No obstante, opina que para poder mantener dicho estatus “la gente se tiene que portar bien, porque si no, volvemos a lo mismo de antes”, y cita algunos ejemplos de gestos que, siendo sumamente sencillos, pueden favorecer a que históricos bares como este continúen abiertos al público: “Mantener la distancia y ponerse mascarilla cuando toca”.

En los momentos más duros de la epidemia global, Toño dice que dejaron de hacer algunas de sus tapas más afamadas, por las que hubo gente que, a cuentagotas, iba preguntando. Lo cierto es que la demanda no era suficiente, porque solo se podía usar la terraza, sobraba producto y, claro, admite que “no íbamos a tirar comida”. “Pero esto ya es otra cosa. Hasta nos motiva ver que ya se siente gente dentro”, afirma, al tiempo que se muestra prudente por cómo pueda comportarse la población tinerfeña en las próximas semanas, de las que dependerá su futuro.

Enfrente del Benidorm, cerca de un quiosco de prensa, atiende a este periódico José, encargado de la cafetería Venezia, cuyo interior está inspirado en paisajes de la ciudad de las góndolas y los puentes. Al ser preguntado por cómo han superado los retos que el coronavirus les ha puesto delante, asegura que “como Dios nos ha ayudado”. A su juicio, “hemos escapado casi bien”, y todo gracias a los ERTE, en los que varios de sus compañeros permanecen todavía. De 15 trabajadores, ocho se han incorporado a sus labores. El resto sigue acogido a este mecanismo de emergencia, habilitado, precisamente, para prevenir despidos como consecuencia de la pandemia que irrumpió en marzo del pasado año.

El portavoz del establecimiento manifiesta, además, que “tenemos temor de volver al nivel 3; no sabemos cuánto durará esto”, por lo que se suma al llamamiento a la calma, animando a la población a tomar todas las precauciones para evitar contagios. En cuanto a la subsistencia del negocio, lanza un mensaje de tranquilidad a su clientela y sostiene que “mientras existan los ERTE iremos escapando”.

CENTROS DEPORTIVOS

En otro plano, de entre las actividades productivas damnificadas por las restricciones, se encuentran los centros de práctica deportiva. Elisa Castro, de La Laguna Sport, volvía a activar ayer el engranaje de sus instalaciones con el 50% de aforo permitido, algo que ella, que fue una de las participantes de las concentraciones frente a la sede de Presidencia del Gobierno por verse con el agua al cuello, agradecía, dado que “antes podíamos tener a 15 personas y ahora es la mitad de nuestra capacidad; es mejor”. Aunque, en la primera jornada de reapertura, en la que se mostró “contenta por la reacción de la gente”, no deja de reconocer que “esperaba más”.

Entiende que será cuestión de que, de nuevo, la población se habitúe al nivel de alarma, y recuerda que uno de los motivos que impulsó la manifestación es que “una persona sedentaria es una persona más propensa a enfermarse”, y el ejercicio físico “ayuda a fortalecer el sistema inmunológico”, por ello defiende su práctica, especialmente en momentos como este.

LAS AYUDAS, EN CAMINO

Sobre el ansiado salvavidas que todas las empresas que han estado al borde del cierre -y que siguen en pie- esperan habló ayer el presidente Torres, al garantizar que a final de mes, en Consejo de Gobierno, se aprobará un paquete de ayudas para subsectores como la hostelería, el comercio o los gimnasios. El vicepresidente y consejero de Hacienda, Román Rodríguez, indicó que el Ejecutivo está trabajando en un nuevo paquete de apoyo para pymes y autónomos, que está recibiendo aportaciones de distintos departamentos regionales, con el fin de buscar “una fórmula para generar la financiación necesaria, que en última instancia, se cargará a la deuda de la comunidad autónoma”, ya que las cuentas en vigor están diseñadas “para sufragar los servicios públicos esenciales, las inversiones y los gastos ordinarios”.

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